OSEAS 8:14 RVR1960
[14] Olvidó, pues, Israel a su Hacedor, y edificó templos, y Judá multiplicó ciudades fortificadas; mas yo meteré fuego en sus ciudades, el cual consumirá sus palacios.
Olvidar a Dios es la suma de nuestros males. Cuando olvidamos a Dios nos separamos de Él, de Su influencia, de su paraguas protector. Es por eso que el creyente debe procurar buscar a Dios cada día, ser consciente de su temperatura espiritual, y orar en todo momento para que su fe sea fuerte. “Efraín” es una metonimia para referirse al reino del norte (Samaria), ellos: 1. Despreciaron la Palabra de Dios (v.12) 2. Profanaron los sacrificios, no mostrando ningún respeto por las ofrendas ni por las cosas sagradas (v.13) 3. Olvidaron a Dios (v.14) 4. Levantaron Templos idólatras a otros dioses. El v.11 dice que esos altares idólatras eran “altares para pecar”. Y esto enseña que toda idolatría no es más que un acto de adoración a nuestra voluntad sensual.
Esta espiral descendente y decadente comienza por un primer paso: alejarse de Dios, alejarse de la Palabra de Dios, olvidar la misericordia de Dios. De alguna manera tenemos la tendencia natural (y caída) de olvidar a Dios. Nuestra mente es un barco cuyo timón está estropeado y desviado, no se mantiene en línea recta por lo que precisa de corrección. El mayor bien que podemos hacer a nuestra alma es ponernos de rodillas cada día y clamar a Dios, abrir la Biblia y buscar en ella dirección, fortaleza y vida espiritual, porque nuestra mente está torcida, nuestros deseos están corrompidos y nuestra memoria espiritual es corta.