JEREMÍAS 51:6 RVR1960
[6] Huid de en medio de Babilonia, y librad cada uno su vida, para que no perezcáis a causa de su maldad; porque el tiempo es de venganza de Jehová; le dará su pago.
El capítulo 51 de Jeremías es un anticipo y la imagen que se ve reflejada en Ap 18:4 “Salid de ella, pueblo mío”. Todo lo ocurrido a Israel es un libro en el que la Iglesia se ve reflejada en parte (ya que el Nuevo Pacto es muy superior al viejo Pacto). Nuestra Babilonia es un sistema mundial, la Babilonia de Jeremías y Daniel es una ciudad y un imperio mundial, pero temporal, anticipo de la grandeza de la Babilonia final, que no es un estado, sino un sistema mundial sin Dios, el poder de la civilización humana que ha dejado a Dios y que llega todo lo lejos que su pecado le permite y los límites divinos le consienten. Nuestra huida de Babilonia también será física, cuando el Señor descienda de los Cielos con retribución, pero nuestra salida de Babilonia es interior, de la misma manera que Daniel entró en Babilonia pero se comprometió a que Babilonia no entrara en él, nosotros decidimos que el sistema Babilónico no derrote nuestra fe y esperanza. Babilonia no nos arrastrará, con toda su grandeza, sus ciudades, sus promesas de felicidad sin Dios. Es infinitamente mejor sufrir en este mundo, y aunque fuéramos los más miserables y tristes de los hombres, vivir una eternidad de plenitud en el Reino de Dios, para el que fuimos hechos. La sola esperanza de la promesa puede iluminar una vida triste y traer un rescoldo de gozo al alma. Esta Babilonia (v.7) también es copa de oro en la mano de Dios, un medio para azotar la soberbia humana que se levanta contra Cristo. Es enviada de Dios, azote, para perfeccionar y poner a prueba la fe de los santos, pero también para derribar la altanería de las naciones. De la misma manera que el mundo de Jeremías está en las manos de Dios, este mundo de 2026, con sus desastres y abusos, está en manos del soberano Dios, y se encamina a la culminación que la providencia guía. No estamos en manos del azar, estamos en manos de Dios. ¡Bendita soberanía divina! En tus manos, oh Señor, están las naciones, y ellas no son nada delante de tí.