2 CRÓNICAS 32:15 RVR1960
[15] Ahora, pues, no os engañe Ezequías, ni os persuada de ese modo, ni le creáis; que si ningún dios de todas aquellas naciones y reinos pudo librar a su pueblo de mis manos, y de las manos de mis padres, ¿cuánto menos vuestro Dios os podrá librar de mi mano?
Llama la atención la cantidad de veces que se repiten las palabras del Rabsaces contra el pueblo, minando la fe que el buen rey Ezequías extendió. El maligno discurso del capitán Asirio fue un golpe en el ánimo y la fe de Jerusalén, y es sin duda un punto de inflexión en la vida de Israel. ¿Lealtad a Dios o rendición? ¿Confiar en Dios o reconocer que los dioses Asirios son más fuertes que Yahveh? ¡Así es toda guerra espiritual! ¿Puedo confiar en que Dios va a cuidar de mí? ¿Será Dios fiel a sus promesas? ¿Me uniré a un yugo desigual, dejaré que mi fe se diluya o permaneceré fiel como Elías? Toda lucha es espiritual, toda derrota o victoria es espiritual. Merece la pena que se recuerde este momento crítico, y la Biblia así lo hace porque es memorable.
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