viernes, julio 10, 2026

Una iglesia sin deseo de Dios

LUCAS 18:8 BIBLIA EL MENSAJE (paráfrasis)

“Sin embargo, ¿cuánto de esa clase de fe persistente encontrará el Hijo del hombre en la tierra cuando vuelva?”


Los ejemplos que pone el Señor Jesucristo como “modelos” de oración nos confunden. Son modelos de audacia, perseverancia infatigable, casi “desvergüenza”, importunidad, osadía… un hombre que no respeta el sueño de su amigo, que insiste a pesar de su negativa a atenderle. Una viuda que no tiene miedo a nada ni a nadie ¡porque no tiene a nada ni a nadie!. Obviamente Dios no es un juez injusto, ni un amigo remolón, ¡nada de eso! porque estas ilustraciones no tratan de Dios, sino de la persona que ora, y aún más: de la fe de la persona que ora. Una fe perseverante, que se aleja del mundo y llama a la puerta de Dios con insistencia, que se aferra al manto de Dios y no lo suelta por nada del mundo. Esa clase de fe es algo único, y es algo que el Señor Jesús espera de cada uno de nosotros, ¿tenemos esa clase de fe? ¿Cuando Él vuelva habrá alguien, aunque sólo sea una persona con esa clase de fe? Por la forma en la que hace la pregunta parece estar avisándonos de una apostasía general, de un enfriamiento del pueblo de Dios, un pueblo que ha olvidado orar y ahora considera que tiene mejores cosas que hacer. ¡Que Dios nos libre del pecado de NO ORAR! ¡Que nunca olvidemos a Dios! Que nunca olvidemos su generoso corazón, Su amor al enviarnos al Salvador, ¿cómo lo descuidaremos cambiando a Dios por los ídolos? Cuanto más leo el Antiguo Testamento más me llama la atención la insistencia de la Biblia con el pecado de la idolatría: cambiar a Dios por otros dueños que prometen darnos lo que deseamos.

¿Qué podemos hacer para REVERTIR la tendencia a abandonar la oración? ¿Cómo podemos combatir el adormecimiento espiritual? 1. Debemos cambiar nuestra idea de Dios. Es posible que muchas cosas que creemos de Dios sean demasiado pobres, ideas muy generales, cuando no ideas falsas. El Dios revelado en la Biblia es asombroso. Debemos renovar y llenar nuestra comprensión con las poderosas ideas de Dios para caer rendidos ante el asombro de la majestad de Dios. 2. Debemos procurar el apetito de Dios, y el hambre de oración. Cuando era niño mi madre me prohibía comer ciertas cosas porque “me quitaban el hambre”. Las chucherías matan el hambre de Dios, y los pasatiempos absurdos matan el hambre de oración. El cristianismo contemporáneo sólo sobrevivirá si es radical en apartarse del entretenimiento y volcarse en Dios, en tener por suma delicia el conocimiento de Dios, las buenas conversaciones, la contemplación, el estudio cuidadoso de la Palabra de Dios. Debemos vivir contra corriente y constituirnos en una rareza única frente a una sociedad arrodillada y seducida al entretenimiento. ¿Un viernes por la tarde leyendo la Biblia y orando? ¿Estamos locos? ¿La TV apagada mientras comemos y tenemos conversaciones en familia? ¿Estar en la cola del banco sin mirar el móvil sino pensando en Dios?


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