HABACUC 3:16 RVR1960
[16] Oí, y se conmovieron mis entrañas; A la voz temblaron mis labios; Pudrición entró en mis huesos, y dentro de mí me estremecí; Si bien estaré quieto en el día de la angustia, Cuando suba al pueblo el que lo invadirá con sus tropas.
Ante la amenaza de la invasión Caldea, la destrucción de Jerusalén, la respuesta del profeta, que ve todo esto es: “Si bien estaré quieto, calmado, tranquilo, en el día en el que todo esto suceda”. Y esa es la seguridad de aquel que vive en la presencia de Dios. Pero ¿cómo estar en paz ante algo así? Él mismo dice al principio del texto que esta visión que su cuerpo se estremezca. Sólo la mirada puesta en Dios v.19 “el Señor es mi fortaleza”, Dios es el “Dios de mi salvación” (v.18). En Él, y en la confianza de que estamos en Sus manos, tenemos paz. No tenemos las respuestas, no tenemos el plan delante de nosotros, pero sabemos que estamos en Sus manos.
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