“Porque el Hijo del Hombre ha venido para salvar lo que se había perdido. ”
San Mateo 18:11 RVR1960
En el corazón del Hijo de Dios hay un impulso constante, apasionado, y prioritario: buscar y salvar a lo que se ha perdido. Su venida a este mundo, en obediencia al Padre era para buscarnos, para poner su tienda con nosotros. Los años que pasó aquí fue buscando a esas ovejas perdidas para llevarlas al Padre por medio de Él. Y aunque sabía que sus apóstoles formarían la iglesia predicando el evangelio, Él no iba a dejar de buscar a los perdidos, comenzando por Israel.
2. La misión del Señor Jesús es también su motivación. Frente a aquel pozo tuvo una conversación con una mujer samaritana que vivía al margen de la sociedad. Ningún maestro desperdiciaría su tiempo con alguien a quien nadie valoraba. Para él aquella mujer valía su viaje, su tiempo, y su salvación fue tal motivo de gozo que quiso enseñar a sus discípulos sobre el gozo de obedecer y de llevar a cabo la misión del Padre de buscar a los perdidos.
3. ¿Qué clase de asombroso Dios es este? No puede dejar de amar, buscar, sufrir, y cuando nos volvemos a Él, se goza, hay fiesta en el Cielo. Todas las historia que el Señor Jesús contaba hablaban del corazón del Padre, de su impulso constante a buscar a los más miserables, de su amor incomprensible. ¿Cómo no confiar en un Dios así? ¿Cómo no rendirse ante semejante amor?