LA OBRA DEL ESPÍRITU SANTO
“[5] pues nuestro evangelio no llegó a vosotros en palabras solamente, sino también en poder, en el Espíritu Santo y en plena certidumbre, como bien sabéis cuáles fuimos entre vosotros por amor de vosotros. ”
1 TESALONICENSES 1:5 RVR1960
¿Qué es creer en Jesús? El tiempo ha hecho que la doctrina de la justificación por la fe se haya transformado en algo que no es bíblico, la afirmación de que recitar una oración de fe nos salvará a pesar de que nuestra vida no refleje cambio alguno ni obra de santificación.
2. El evangelio no es cuestión de palabras. La religión es cuestión de palabras, los pactos mentirosos son cuestión de palabras. No cuesta nada decirle a todos que te hiciste cristiano porque “aceptaste a Jesús en tu corazón”. Es cuestión de palabras, afirmas algo que puede haber ocurrido o no. El cristianismo no tiene nada que ver con eso.
3. El evangelio se recibe en poder. El evangelio es poder de Dios para salvación. Transforma nuestra forma de pensar, nuestra forma de vivir, cambia nuestros afectos, modifica nuestras prioridades. El evangelio cuando es creído supone un cambio absoluto en la vida del creyente, ha “nacido de nuevo”, y el Espíritu de Dios comienza de manera progresiva a cambiar a una persona que de natural está inclinada al pecado, y ahora está impulsada por Dios hacia una vida santa. Cualquiera puede verlo. Incluso si callara todo el mundo quedaría asombrado del cambio que se produce en el creyente. Si callara, sus hechos hablarían. Pero no puede callar, y tampoco puede dejar de cambiar.
4. El evangelio abre las puertas a la actividad del Espíritu Santo. El Espíritu Santo abre los ojos, quita la dureza del corazón, da fe, concede el arrepentimiento, impulsa al incrédulo a afirmar que Jesús es el Señor, y mueve al creyente a orar: “Abba Padre”. El Espíritu Santo es Santo, de modo que si habita en un hombre pecador hará que ese hombre se vuelva santo. No se puede resistir su actividad, tarde o temprano el soberano Espíritu de Dios obrará.
5. El evangelio lleva a la plena certidumbre. La fe echa fuera el temor, y el Espíritu de Dios proporciona la certeza de lo que se cree y no se ha visto. Es certidumbre es paz, ya que el creyente se apodera de aquello que le es prometido, conoce al dador de las promesas, Dios, y sabe que Él es fiel.
6. Por lo tanto vemos que la obra de Dios es una obra real y eficaz. No puede ser fingida. No es una cuestión de palabras sin cambios reales. Los Tesalonicenses habían recibido el evangelio con todas sus consecuencias. Por lo tanto nosotros no tenemos derecho para pervertir la obra del evangelio, afirmando que alguien es “creyente” cuando no hay evidencia alguna de ello. Sería una falta de respeto al Espíritu Santo y un ultraje afirmar que alguien es creyente, pero que Dios no hizo obra alguna en él.