EL PECADO PERSISTENTE
2 CRÓNICAS 28:22-23 RV2020
[22] Además, el rey Acaz, en el tiempo que aquel lo apuraba, añadió mayor pecado contra el Señor, [23] porque ofreció sacrificios a los dioses de Damasco que lo habían derrotado, y dijo: «Puesto que los dioses de los reyes de Siria les ayudan, yo también ofreceré sacrificios a ellos para que me ayuden». Pero estos fueron la causa de su ruina y la de todo Israel.
Acaz no sólo desobedeció a Dios, sino que fue consistentemente castigado por Dios. Pidió ayuda a Asiria, y no sólo no recibió ayuda de ellos, sino que los ejércitos Asirios sitiaron Jerusalén. Cerró el templo, saqueó el Templo, a la vez que ofrecía sacrificios a los dioses de Siria. Este es el proceder sw alguien que nunca creyó en el Dios de Israel, sino que estaba dispuesto a adorar a cualquier dios que le diera la victoria y que hiciera su voluntad. ¿No hacemos nosotros igual? Adoramos a cualquier dios que nos de lo que le pedimos, y estamos dispuestos a sacrificarle a ese dios lo que nos pida.
Dios tuvo misericordia de Acaz castigándolo, sufriendo la invasión y deportación del reino del Norte (Samaria), y también el perdón de Dios cuando el profeta Oded (v.9) acusa a los ejércitos de Samaria de pecar contra Dios tomando cautivos de sus hermanos del reino del Sur. Pero nada de lo que Dios hizo, ni sus castigos, ni su perdón hicieron que Acaz se volviera a Dios, así son muchos hombres, que da igual cuanto sean castigados por Dios, nunca se volverán a Él.
En cuanto al creyente, un hijo de Dios, alguien que ha sido recatado por Jesucristo no puede adorar a los falsos dioses que le oprimieron y le alejaron de Dios, el dinero, el placer, el poder, la aprobación de otros. En el momento que disfrazamos la idolatría de la fe en Dios, en ese momento hemos añadido a la idolatría otro pecado: el pecado de la hipocresía, de maquillar la idolatría de piedad. Dios nos libre de ello.
En los versículos 1 al 8 se describen todos los ataques, muertes que el reinado de Acaz sufrió de Asirios, de Israelitas (Norte) y de los Sirios. Acaz fue muy idólatra y sufrió mucho, pero en ningún momento se volvió a Dios. ¿Cómo es posible tanta necedad? El pecado obstinado, persistente, impenitente, endurece nuestra conciencia e impide que nos volvamos a Dios. Cuando pecamos una y otra vez, sin dolor, sin mala conciencia, podemos cruzar una barrera en la que no hay retorno, en la que sólo queda un camino descendente y hacia abajo, donde cada pecado sucede a otro con cada vez más velocidad, y donde no hay marcha atrás. El Señor nos libre de cruzar esa barrera, porque nunca sabemos dónde está, y nunca sabemos si el siguiente pecado será nuestra ruina total.
