ISAÍAS 26:9 RV2020
[9] Con mi alma te he deseado en la noche y mientras haya en mí un hálito de vida, madrugaré para buscarte; porque luego que hay juicios tuyos en la tierra, los habitantes del mundo aprenden justicia.
La perseverancia y la fortaleza del justo (el creyente, el escogido, el hijo de Dios) está en lo que ocurre en su interior. La “noche” es la peor experiencia que uno haya tenido en su vida. Mientras el resto de personas duermen plácidamente, el creyente está atormentado ¡no puede dormir! se consume de preocupación, es en ese momento que su deseo es para Dios, no sólo desea que venga la mañana (la liberación) sino que su deseo es Dios llevando a cabo su liberación. “Madrugaré para buscarte” implica el deseo prioritario de buscar a Dios, cada día. Como creyentes nuestra prioridad es Dios, la comunión con Dios, la conversación con el Padre, la lectura de Su Palabra, el silencio en su presencia. ¿Lo buscas?
Mientras esa lucha interior se libra en el creyente, en el mundo suceden los juicios divinos, unos juicios que los no creyentes no entienden, “aprenden justicia” sólo cuando estos han pasado. Así que la lucha del no creyente es exterior, y la del creyente es interior. Salvando las inmensas distancias y las profundidades de la pasión de nuestro glorioso Salvador en Getsemaní, Quien libró una batalla interior por obedecer al Padre y sufrir el infierno de la separación, y convertirse en la diana de Dios al haberse hecho maldición y pecado por nosotros, nosotros a una escala ridículamente pequeña, libramos nuestras batallas, pero a diferente del Señor Jesús, no lo hacemos solos, sino asistidos por el Padre, el Hijo y el Espíritu Santo, Quienes hacen morada en nuestro espíritu, y nos consuelan.
Hermano, que tu vida interior sea rica en Él, que cada mañana te levantes tan temprano como puedas para ser conducido a los pastos verdes de la Palabra, y al monte del la transfiguración para experimentar la revelación de la persona de Jesús en Su gloria para que tu fe sea edificada, y así fortalecido poder bajar de esta experiencia de íntima comunión a tus asuntos diarios, resplandeciente, como un hombre nuevo.
