JEREMÍAS 15:10 RVR1960
[10] ¡Ay de mí, madre mía, que me engendraste hombre de contienda y hombre de discordia para toda la tierra! Nunca he dado ni tomado en préstamo, y todos me maldicen.
Apenas ha comenzado el ministerio de Jeremías y ¡ya está al límite! se ha vuelto enemigo del pueblo, allí por donde va lo insultan, “hombre de discordia” le llaman. Esto es interesante, él, que sólo está proclamando la Palabra de Dios le acusan de ser una persona conflictiva que rompe la paz. ¿Él? ¿No será que es Dios quien está sacudiendo la endurecida conciencia del pueblo? Así sucedió con los apóstoles, de ellos decían que eran hombres que promovían rebeliones. Este tipo de persecución es maligna, buscan destruir al profeta para acallar la voz de Dios, y para ello desacreditan al profeta. Seguramente su familia le pediría que se callara o que rebajara el mensaje porque no era el momento, porque todo el mundo estaba ya bastante tenso… ¡nefastos consejos en tiempo de rebelión!
Una vez que el profeta de Dios obedece a Dios su siguiente lucha es también interna: lucha contra el desánimo y la oposición. Un profeta está entre Dios y el pueblo enfurecido, siendo objeto y diana de la ira del pueblo contra Dios! ¡Es un oficio sumamente peligroso!
