MUERTE Y LIBERACIÓN
“[14] En cuanto a mí, que nunca me jacte de otra cosa que no sea la cruz de nuestro Señor Jesucristo. Debido a esa cruz, mi interés por este mundo fue crucificado y el interés del mundo por mí también ha muerto. ”
Gálatas 6:14 NTV
La cruz es un PUNTO DE RUPTURA. Es la muerte a un sistema social, de pensamiento, de esclavitud y de idolatría. El hombre crucificado era rechazado por el sistema romano, desechado como criminal y enemigo. Civilmente dejaba de existir, no podía comprar ni vender, pedir un préstamos, no podía comprometerse, pero en otro sentido, se volvía libre del sistema romano.
2. Creer y ser discípulo es quedar crucificado con Cristo, uniéndonos a Él en su muerte. Esa muerte pone fin a nuestra vida “romana”, esa muerte mata en nosotros todo lo “romano” y nos une al Reino de Dios.
3. El sistema religioso funciona cuando tus méritos se consideran suficientes. El favor de Dios, Su amor, Su perdón se ganan cuando se cumplen ciertas normas. El apóstol nos enseña que su orgullo, su valor como cristiano no depende de lo que él haya hecho, sino de lo que Jesús ha hecho. Es más, se niega a ver otro valor o mérito fuera de muerte de Jesucristo, ya que todo su mérito ante Dios viene del obediente Hijo de Dios.
4. Al romper con el sistema religioso de obras ha quedado rota su relación con el sistema que depende de esa mentalidad: el mundo, un sistema sin Dios, donde el ser humano es la medida de todas las cosas y donde la Gracia no existe, sino la promesa de la paz por medio del esfuerzo.
5. La esclavitud de nuestra mente se rompe al descansar en la justicia del Señor Jesús, y con esa muerte, nuestra fascinación por el mundo, por sus promesas. Nuestra esperanza ha quedado cautiva del Reino de Dios, y nuestro interés fascinado por la sabiduría de Dios y el evangelio. Es por eso que nuestro anterior disfrute del mundo ha pasado, y ahora tenemos nuevos apetitos espirituales que nos satisfacen profundamente. Experimentamos la “satisfacción de la samaritana”, sedienta del amor y de las promesas, y ahora saciada por su relación con el Mesías. Existe un agua para el alma que sólo Jesús da, Él es el río de vida que corre en la ciudad celestial, Él es el árbol cuyo fruto sustenta el alma.