OSEAS 9:10 RVR1960
[10b] Ellos acudieron a Baal-peor, se apartaron para vergüenza, y se hicieron abominables como aquello que amaron.
Eres lo que adoras, te conviertes en lo que admiras. El verdadero peligro de la idolatría es su potencial para cambiarnos. Los dioses de las naciones eran sensuales, violentos, y sus adoradores lo eran tanto o más.
Cuando deseas alcanzar tu felicidad escogiendo a tus dioses y sirviéndoles, acabas de hacer un pacto que terminará en tu ruina. Mucho se multiplicarán los dolores de aquellos que sirven diligentes a otro dios.
En cambio la adoración al Dios Santo nos cambia y nos devuelve a nuestra humanidad original, conectada a Dios. En la verdadera adoración no hay negociación, sino sólo confianza. No hay imposición ni acuerdo, sino la fe absoluta en la buena voluntad de Dios para sus hijos. Dios no da migajas, ni santifica nuestros planes, la adoración verdadera es la gozosa sujeción a Dios, lo entrega todo, pero nos da la promesa que no podemos concebir. Quien sabe mejor que nosotros cómo ser felices es Dios, y su bendición no añade tristeza, pero implica una camino que nosotros no entendemos, ¿confiaremos en Dios? ¿aceptaremos humildemente Su voluntad? Él nos lleva de la mano en un proceso de transformación que nos hace aptos para disfrutar de las mayores delicias que nuestra sensualidad no nos podría dar nunca.