jueves, octubre 01, 2026

Perdón o poder

“Pero no os regocijéis de que los espíritus se os sujetan, sino regocijaos de que vuestros nombres están escritos en los cielos.”

SAN LUCAS 10:20 RVR1960


Cuando los setenta volvieron de anunciar el evangelio ¡estaban eufóricos! el Señor Jesús les había dado poder sobre los espíritus inmundos, ¡ningún hombre tenía esa clase de poder! El Señor Jesús les pone los pies en el suelo: para un discípulo de Jesús la base de su alegría debe ser otra, no el poder recibido, sino el perdón recibido.

2. Consideradlo en perspectiva ¿qué preferís, autoridad sobre el mundo espiritual, o el perdón que nos lleva a la casa del Padre? La respuesta es obvia, el poder sin perdón no es nada, apenas una experiencia, pero… ¡el perdón! ¡Qué privilegio!

3. ¿Cuál es nuestro termómetro de la bendición de Dios? El mundo cristiano tiene necesidad de re evaluar cuales son sus baremos del éxito. ¿Multitudes, prosperidad, influencia, reconocimiento? Es la misma canción, nos sigue deslumbrando el poder, ¡qué error! Los primeros discípulos prosperaron al saber que Dios mismo les ofrecía algo de un valor eterno: el perdón, a saber, que el Hijo de Dios vino del Cielo para ser la ofrenda perfecta por nuestros pecados y hacernos aptos para la morada de Dios. ¡Qué asombroso es el perdón recibido por Gracia! Es la buena noticia del amor de Dios en Cristo. Produce al alma alivio, libertad de la carga de nuestro pecado y culpa, pero también de las cargas religiosas. 

4. Medita en el perdón recibido, ¿es cierto que eres un hombre libre? ¿Conoces el precio de tu perdón? ¿Qué vas a hacer con tu perdón? Has recibido la marca del perdón, y esa marca te seguirá toda tu vida. Cuando te levantes, se levantará un hombre perdonado, cuando ores, orará un hombre perdonado, cuando vayas a la iglesia, va a la iglesia un hombre perdonado. ¿Cómo ha de vivir un hombre perdonado? ¿Con qué clase de gratitud, con qué clase de gozo de vivir impulsado? Amigos y hermanos, TODO se trata de la salvación, todo es la salvación recibida. Y esa salvación es el Cielo en la tierra, es vivir con gozo y seguridad, sabernos amados y perdonados, es la sonrisa constante en el Cielo, es la mirada del Cielo en nosotros. ¡Regocijaos! ¡Alegraos! vuestros nombres están escritos en los cielos.


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