viernes, octubre 02, 2026

La tendencia a escondernos

“Os digo: No; antes si no os arrepentís, todos pereceréis igualmente.”

SAN LUCAS 13:5 RVR1960


La enseñanza de Jesús nunca satisface nuestra curiosidad. En el contexto de lo que leemos le preguntan a Jesús por una ejecución en la que los castigados fueron profanados (su sangre se mezcló con la de los sacrificios paganos) ¿no significa esto que los ejecutados eran muy pecadores? El Señor se niega a responder a la pregunta, es más, aprovecha para enseñar algo esencial.

2. A nosotros nos gusta pensar que los demás son más malvados que nosotros. Por supuesto cualquier historia que justifique nuestro ególatra punto de vista nos gusta. Esa tendencia a justificarnos y culpar a otros es el problema, y el Señor no desaprovecha la ocasión para enseñarnos que ese es el problema. Tú y yo tenemos una responsabilidad, y es la de arrepentirnos ante Dios, reconocer que Dios es justo y nosotros no lo somos. 

3. Con todo tenemos esa tendencia natural, aprendida en Edén de escondernos de Dios. Escondernos de Dios es interponer algo entre Dios y nosotros, y ese algo que interponemos es el pecado de otros, pensando que si de alguna manera conseguimos distraer a Dios con el pecado de otros dejará de mirar nuestro pecado.

4. Jesús rompe con esa forma de pensar tan dañina, señalando nuestra necesidad de arrepentimiento personal. No tenemos excusas, si no nos arrepentimos ante Dios, nuestro destino será el mismo que el de nuestras excusas, o los ejemplos que usamos para señalar la magnitud del pecado de otros. 

5. ¿Te has arrepentido ya? ¿Cómo se hace? Lo primero es comprender y reconocer que Dios es justo, y no sólo justo, sino que Él es el legislador, la fuente de toda justicia. Él tiene el derecho de escribir las normas por las cuales este Universo ¡su Universo! se rige. Y ahora deja que la Ley de Dios examine tus pensamientos, tu comportamiento, y tus motivaciones. 

6. Lo siguiente es reconocer tu culpabilidad. Una culpabilidad que no admite excusas. Tú y yo hemos desobedecido, y al hacerlo hemos desafiado al Creador, a Aquel que nos ha rodeado de bien. Somos criaturas que han escogido el camino de la desobediencia, hemos decidido “funciona mal”, nos hemos rebelado con las normas del “fabricante” y hemos maltratado a otros. Hemos escogido el egoísmo frente a la generosidad y amor, hemos escogido el chisme frente a la justicia, la impureza frente a la pureza, la maldad frente a la bondad. Y por lo tanto, merecemos el castigo.

7. Nuestro arrepentimiento nos deja en una situación de ruina absoluta, de miseria y de necesidad. Sólo alguien que ha llegado a ese punto puede recibir el perdón gratuito que ofrece Dios y la justicia que Jesús nos ofrece a cambio de nuestra maldad. La cruz es el sacrificio del obediente Hijo de Dios por nuestra traición a Dios, y es esa oferta el salvavidas que Dios nos lanza como única vía de salvación. 

8. El arrepentimiento no debe ser un acto único porque seguimos torcidos moral y espiritualmente. Cada día necesitamos ponernos ante el espejo de la Ley de Dios para reconocer nuestros defectos, y cada día debemos ponernos de rodillas y pedir que Cristo sea nuestra justicia. De lo contrario pensaremos que hemos llegado a una perfección que sólo existe en nuestra imaginación.


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