LA VERDADERA LUCHA DE UN HOMBRE DE DIOS
Daniel 10
1. Estamos ante uno de los capítulos más misteriosos de la Biblia. En este se habla de la vida de oración de Daniel, de cómo Dios responde a sus oraciones, del profundo amor de Dios por Daniel, y de una guerra espiritual que se libra en los cielos, y de la que nosotros no sabemos nada.
2. Las visiones que Daniel había recibido le habían dejado conmocionado, sin fuerzas y desolado ¡no era para menos! Así que un ángel es enviado para fortalecerle y para darle un mensaje (que le dará en el cap. 11). Estamos al final de la vida de Daniel, no hay amenazas, ni pruebas, pero Daniel enfrenta su mayor prueba: LA DESESPERANZA. Ver que la vida se le va y ser consciente del enorme pecado que llevó a Judá a la deportación. La pregunta que se hizo fue ¿hasta cuando?
La imagen del ángel le hace quedar como muerto, su aspecto es un reflejo de la gloria de Dios. La proximidad de este ser es fulminante, incluso un hombre santo como Daniel cae como muerto, desmayado, derribado por la santidad que refleja un ser tan próximo a Dios.
3. “Eres muy precioso para Dios” ¡qué palabras tan alentadoras! Saber que no sólo eres conocido en el Cielo, sino que Dios está al corriente de quien eres, qué te ocurre, cuáles son tus luchas, ¡eres muy amado para Dios! No todos son muy amados en el sentido que Daniel lo era. Aquellos que sufren por obediencia de Su Nombre lo son. Y Daniel era íntegro en su obediencia a Dios en la sucesión de reinos paganos en los que sirvió.
4. La guerra espiritual que se libra en los Cielos, la jerarquía angelical, la antiguedad de las familias angélicas, los combates y la enemistad entre las dos facciones angelicales, son asuntos de los que apenas sabemos nada, y sobre los que no conviene especular. Aquellos que prestan demasiada atención a asuntos de los que la Biblia no dice mucho, pero que descuidan las instrucciones sobre las que la Biblia insiste, corren en el riesgo de perder sus almas. Haremos bien en vivir una vida de oración como la de Daniel, quien oraba tres veces al día, en lugar de especular sobre los “9 coros angelicales” y quien era el príncipe de Grecia. Algunos judíos y judaizantes lo hicieron, y Dios no puede decir de ellos lo mismo que dijo de Daniel.
5. La batalla del hombre de Dios es una batalla contra el desánimo. Esperar es un duro trabajo para el alma, y si la Palabra de Dios no nos sostiene, nada lo hará. Daniel, a semejanza de nuestro Bendito Señor Jesucristo, fue fortalecido por un ángel. A veces Dios permite experiencias sobrenaturales que nos confortan, y lo hace así porque nos ama, pero no quiere que descansemos en ellas, sino en la Palabra profética más segura, a la cual hacemos bien en estar atentos, como a una fuente de luz que alumbra en un lugar oscuro. Observa tu alma, amigo mío, percibe cualquier señal de desánimo y gózate en Dios, busca Su presencia, Sus palabras, Su consoladora compañía.
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