EL LUGAR MÁS PELIGROSO DE LA TIERRA
Daniel 6:26 NTV
[26] »Ordeno que en mi reino toda persona tiemble con temor delante del Dios de Daniel. Pues él es el Dios viviente, y permanecerá para siempre. Su reino jamás será destruido, y su dominio nunca tendrá fin.
En el libro de Daniel una constante repetición es que un gran monarca, desde Babilonia a los persas, alabe al Dios de Daniel, reconociendo Su soberanía. En medio de la desgracia que fue la desolación de Jerusalén y la posterior deportación a Babilonia, Dios habló a los cautivos por Jeremías o Ezequiel, y mostró su poder haciendo que los reyes reconocieran Su poder, ¡qué asombroso es todo esto! No alaban a cualquier Dios, alaban “al Dios de Daniel. Pues él es el Dios viviente, y permanecerá para siempre. Su reino jamás será destruido..”
En los peores momentos, en las situaciones más desesperadas: Dios sigue siendo Dios. Cuando ya han pasado tantos años de la deportación, cuando un rey ha sucedido a otro y Jerusalén sigue en ruinas: Dios sigue siendo Dios, Su soberanía sigue intacta, y Su Reino nunca desaparecerá.
Daniel quizás ya sea un anciano, el verdadero foso de los leones de Daniel fue cada palacio en el que sirvió, porque cada rey que habitaba ese palacio era un megalómano con delirios de divinidad, un psicópata que mataba caprichosamente según fuera su estado de ánimo, ¡hubiera sido mucho más seguro vivir en el anonimato! Quizás en alguna provincia pobre de Babilonia, lejos del poder, donde su nombre no fuera reconocido, pero Daniel pasó toda su vida en el peor lugar del mundo, el lugar donde los reyes eran asesinados, los nobles conspiraban entre ellos, y cualquiera que destacara terminaba en el punto de mira de algún envidioso con poder. Y Dios cuidó de Daniel, y lo sostuvo con sus promesas.
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