martes, octubre 20, 2026

El árbol verde

 EL ÁRBOL VERDE

“Porque si en el árbol verde hacen estas cosas, ¿en el seco, qué no se hará?”

SAN LUCAS 23:31 RVR1960


Un árbol verde es muy resistente al fuego, la vida que hay en él evita que arda. En cambio un árbol seco es ideal para hacer fuego, todo su material sin vida lo hace apto para arder.

2. El obediente y sin pecado Hijo de Dios es el árbol verde en su perfecta humanidad. Y si Él, siendo inocente, sufrió de tal manera, ¿qué le espera a los que se rebelan contra Dios? ¿Qué le espera a los que le hicieron todo eso a Jesús?

3. Todos nosotros somos árboles secos, no tenemos la vida de Dios en nosotros. Nuestros pecados transformaron nuestro verdor en sequedad (Salmo 32). Al ser inútiles nuestro destino no es otro que el juicio. Al alejarnos de Dios hemos aceptado nuestra sentencia: insatisfacción, soledad espiritual, y muerte espiritual. Hemos abrazado la rebeldía, la independencia de Dios. Nos hemos creído sabios, pensando que ocupando el lugar de Dios podremos satisfacer nuestros anhelos y conseguir nuestros deseos. Y hemos terminado en la provincia lejana, comiendo comida de cerdos.

4. Jesús es la vid verdadera, es el árbol verde, la puerta de entrada a los pastos. En él está la vida, y su vida es la luz de la que carecemos. El cristianismo se trata de Jesús, y hacemos bien en hacer una “poda” de nuestro cristianismo, para eliminar todos los elementos superfluos que estorban nuestra relación con Aquel que es la vida. Religión, ritos y castigos que usamos para expiar nuestro pecado, caminos alternativos a Dios. Elimina todo lo que no te lleve a Jesús en tu vida. 

5. Siento esto así, “acercándoos a Él, piedra viva” (1 Pe 2:4) acerquémonos a Jesús nuestra vida (Col 3:4). Pongamos tiempo y atención a Jesús. Dediquemos soledad y devoción al Hijo de Dios, que Él ocupe nuestros pensamientos. Toquemos por la fe el borde de su manto y seamos sanados de nuestra plaga. 

6. No dediques a Jesús unos minutos cada mañana. Media hora es demasiado poco. Ocupa cada momento de tu día en tocar al Verbo, en tener comunión con Él. Aparta todo el tiempo que puedas para vivir a su abrigo. Si Él es nuestra vida, contemos el día por los minutos que pasamos lejos, y no por los minutos que pasamos con Él.


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