“Los alguaciles respondieron: ¡Jamás hombre alguno ha hablado como este hombre! ”
SAN JUAN 7:46 RVR1960
Una de las evidencias de la identidad de Jesús es su enseñanza. Mucho me temo que es demasiado fácil malinterpretar al Señor Jesús si le escuchamos superficialmente, sin embargo, si nos tomamos la molestia de escucharle con atención, entenderemos que esas no son las palabras de un charlatán. Esto es lo que ocurrió con los alguaciles, tras escuchar a Jesús, estos hombres se dieron cuenta de Quién era Jesús, no era un maestro más, era algo más que un rabino, aunque quizás no se atrevían a seguir más allá con su razonamiento.
2. En la enseñanza de Jesús hay tal sabiduría que cualquier escéptico, si es honesto, la reconocerá. Si nos tomáramos el mismo interés en escuchar a Jesús que en escuchar a cualquier conferenciante nos llenaríamos de asombro. Personalmente estoy convencido de que esta es, por sí sola, suficiente evidencia.
3. La enseñanza del Señor debería entrar en nuestra vida y poner orden, de la misma manera que en Génesis 1 el Espíritu de Dios se movía sobre un mundo desordenado y en caos. Rindamos a la autoridad del Señor Jesús nuestra vida, para que la Palabra del Creador ponga orden en nuestro interior. Tan sólo necesitamos retirarnos a un lugar tranquilo para reflexionar en los evangelios y dejar que la luz de su Palabra alumbre nuestra oscuridad.
4. Es una pena que, por lo que sabemos, esos alguaciles se quedaran sólo en el asombro, seamos sabios y pasemos del asombro a la obediencia, porque la eficacia de la Palabra de Dios alcanza su máxima eficacia cuando nos estamos dispuestos a obedecerla.
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