miércoles, octubre 07, 2026

Hijo de David

“Y muchos le reprendían para que callase, pero él clamaba mucho más: ¡Hijo de David, ten misericordia de mí! ”

SAN MARCOS 10:48 RVR1960


Aquel hombre estaba desesperado por ayuda, en su necesidad tenía algo claro: Jesús era el único que podía ayudarle, así que clamó.

2. Cuando el pecador recibe por el testimonio del Espíritu Santo la convicción de pecado y le es revelado que Jesús es el Hijo de Dios, clamará a Él pidiendo salvación. Este es el llamamiento que Dios hace y del que se dice que irrevocable (Rm 11:29).

3. Igual que los espinos quieren ahogar la semilla (Mc 4:18) hubo algunos que le pidieron a Bartimeo que callara. Dice nuestro texto que eran “muchos”. De la misma manera aquel que clama a Cristo por salvación encontrará que muchos le piden que calle, pueden ser dudas, pueden ser afanes, pueden ser pecados susurrando promesas de satisfacción. Pero si el alma ha recibido la convicción de pecado, no callará.

4. El objeto de la fe: Bartimeo clama a Jesús como “hijo de David”, y en estas palabras concentra el reconocimiento de Aquel que conforme a la promesa es el rey cuyo trono será eterno. También está reconociendo en Él autoridad por encima de toda autoridad, y eso le pone en una difícil posición frente a Herodianos, fariseos y romanos, ya que al clamar así a Jesús está señalando que ellos no tienen la autoridad. 

5. La salvación es el reconocimiento de nuestra absoluta pobreza y necesidad en Dios. Es reconocer que no tenemos nada y Dios lo tiene todo, y es clamar pidiendo ayuda en su misericordia. Además, la única confesión que salva es la que es dirigida a Jesús, y no a ningún otro. Sólo a Él. Porque sólo Él es el Hijo de David, el rey eterno, y fuera de Él no hay autoridad, ni poder, ni salvación.


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