LUZ EN EL MUNDO
MATEO 15:30 RVR1960
[30 ] Y se le acercó mucha gente que traía consigo a cojos, ciegos, mudos, mancos, y otros muchos enfermos; y los pusieron a los pies de Jesús, y los sanó.
Hay en Jesús algo que no lo hace de este mundo. Este mundo caído ha entrado en una espiral de corrupción, degradación y muerte. El pecado se ha extendido y con la rebelión, han venido las consecuencias de la separación de Dios. En este mundo entró Alguien que no era de este mundo, se le llama la Luz verdadera. Su llegada introducía en este sistema podrido al Santo ser en Quien no hay corrupción ni impureza. ¡Qué luz tan grande es la luz del Señor! Con razón dijeron esos discípulos “hemos encontrado al Mesías”.
2. Una multitud de personas rotas fueron llevadas a Jesús. Tal concentración de miseria, enfermedad y dolor eran demasiado. Aquello era un espectáculo de necesidad al que ningún ser humano quisiera mirar. Y junto con aquellos con cuerpos y almas rotas, los familiares, los cuidadores, atados a la misma miseria, siervos de por vida a aquellos a los que aman.
3. Bastaba con que un enfermo tocara con fe a Jesús para que fuera sano. Era suficiente con que pensara en su interior: este es el Hijo de David, el Rey que Dios nos prometió, el nuevo Moisés, el nuevo Josué, lo tocaré y seré sano, porque al Rey acompaña el Reino”. Y entonces la sanidad se producía. El poder creador del Santo Dios entraba en aquella criatura enferma, sanándola.
4. La sanidad es sólo un aspecto del poder y la Gracia de Jesucristo. Jesús sanó muchos cuerpos en aquellos días, pero sanó muchas más personas, aquellos extraviados, perdidos, encadenados a sus pecados, desorientados, sedientos de algo que no se encontraba en este mundo. Era necesario que tras su resurrección Él se fuera, porque ahora el Señor Jesús reina, el poder del diablo ha sido quebrado (Heb 2:14) y todo aquel que confía en Jesús no será avergonzado. Él es el fundamento que los grandes arquitectos religiosos rechazaron, lo que no saben es el absoluto valor del Hijo de Dios.
5. Si conociéramos la sanidad que hay en el Señor Jesús no echaríamos en sus brazos. Correríamos a Él y no dejaríamos que NADA nos estorbara. En sus brazos tenemos el hogar que perdimos y que hemos buscado en este mundo. Él es la satisfacción que nos sacia de forma completa. No hay nada en este mundo que nos pueda ofrecer lo que Él ofrece con amor desinteresado. No permitas que nada te aleje de tu búsqueda de Él, de tu comunión con Él, de tu vida secreta con Él. Es lo más precioso, es seguridad y amor seguro.
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