San Mateo 2:2-3 RVR1960
[2] diciendo: ¿Dónde está el rey de los judíos, que ha nacido? Porque su estrella hemos visto en el oriente, y venimos a adorarle. [3] Oyendo esto, el rey Herodes se turbó, y toda Jerusalén con él.
Herodes sólo amaba una cosa en su vida, el poder, por encima de todo, amaba ser rey, y estaba dispuesto a hacer cualquier cosa para retener el reino. Era un rey local lleno de limitaciones, pero arrasaría con todos los niños menores de dos años con tal de no ver amenazado su reino. El mensaje de los magos era una amenaza ¿un rey de los judíos? ¡él era el rey de los judíos! ¡no había otro rey sino él!
2. Así es el ser humano, no contempla que Dios sea rey por encima de él. Nuestra rebelión es contra Dios mismo, no deseamos otro gobierno fuera de nuestro gobierno. En ello participamos de la vieja rebelión de Satanás, el mismo que instigó a Judas, y el mismo que instigó a la multitud que gritó: ¡No queremos que este reine sobre nosotros! Lc 19:14.
3. Toda rebelión contra Dios está destinada al fracaso. Todo intento de la voluntad de oponerse a Dios está maldito, ha sido ya condenado, y sólo traerá sufrimiento. “Se multiplicarán los dolores de aquellos que sirven diligentes a otro dios. No ofreceré yo sus libaciones de sangre, Ni en mis labios tomaré sus nombres.” Salmo 16:4
4. Nuestra única esperanza es abandonar completamente nuestras armas, las cuales hemos levantado contra Dios, y doblar las rodillas ante el legítimo rey: Jesús. Este es un acto DIARIO de sujeción y reconocimiento de Dios, en el que cada día abrimos la Biblia con el objeto de conocer a Dios y aceptar Su voluntad. ¡Que el Señor doble nuestros corazones ante Su voluntad! ¡Que seamos renovados de tal manera que digamos: “Hágase Tu voluntad, Señor”! ¡Que el Espíritu de Dios nos lleve a clamar: Jesús ES el Señor!
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