SAN LUCAS 2:25-26 RVR1960
[25] Y he aquí había en Jerusalén un hombre llamado Simeón, y este hombre, justo y piadoso, esperaba la consolación de Israel; y el Espíritu Santo estaba sobre él. [26] Y le había sido revelado por el Espíritu Santo, que no vería la muerte antes que viese al Ungido del Señor.
El relato histórico del nacimiento de nuestro Admirable Salvador está lleno de personas anónimas, desconocidas, pero singulares en cuanto a su fe y piedad. Simeón y Ana son dos de ellos. En el caso de Simeón es un hombre del que la Escritura dice lo mejor que se puede decir de un hombre: justo, piadoso y el Espíritu Santo estaba sobre él. ¡Todos deberíamos querer ser así! Además, fue un hombre que esperó toda su vida el cumplimiento de una promesa: ver con sus ojos al Salvador, antes de morir. ¡Fue mucho tiempo de espera! Y esa espera no fue estéril, ya que vivió una vida noble y entregada a Dios. ¡Qué poco nos gusta esperar las promesas del Señor! Mientras lo hacemos desesperamos y nos salimos de Su voluntad, demostrando que necesitamos ser transformados.
2. Los tratos de Dios con Simeón. Hay algo muy misterioso en la vida de Simeón, el Espíritu Santo le había revelado que antes de morir vería al “Ungido del Señor” (el Cristo). ¿Qué clase de intimidad tenía Simeón con Dios para que el Señor le diera semejante promesa? Creo que un hombre que camina con Dios en tal obediencia, es un hombre que habla con Dios y al que Dios le habla. Esa intimidad sólo se consigue por medio de la sujeción y el afecto. La sujeción es conformar tu vida a Dios, en obediencia. El afecto es el apego del corazón a Dios, esto incluye el aprecio, la admiración, el amor y el deleite. Simeón era un hombre que amaba de tal manera a Dios que deseaba estar a solas para estar con Él. Qué clase de conversaciones con Dios tendría con Dios….
3. Pero pensemos que la oración es también una vida de espera. Hablas con Dios, y Dios habla por medio de su Palabra. Y así pasaron años. Pero algo ocurrió en la vida de Simeón y es que un día Dios le habló y le dio una promesa. Sospecho que fue algo extraordinario, porque Dios habla mucho por medio de Su Palabra, y poco por medio de visiones y sueños. Pero para él fue suficiente para que su vida espiritual se llenase aún más de celo.
4. Nosotros, como Simeón, también hemos sido llamados a vivir en esperanza e intimidad con Dios, con la diferencia de que hemos conocido al Salvador, sabemos Quien es, cual es su nombre. Y si bien es cierto que le amamos sin haberle visto, y nos gozamos, ¡qué glorioso será el día en el que le veamos en toda Su gloria!
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