LAS PREGUNTAS DE UN HOMBRE DE DIOS
“Los discípulos de Juan le dieron las nuevas de todas estas cosas. Y llamó Juan a dos de sus discípulos, y los envió a Jesús, para preguntarle: ¿Eres tú el que había de venir, o esperaremos a otro? ”
SAN LUCAS 7:18-19 RVR1960
Esta es la vida real, y Juan es un hombre real, un profeta increíble, un hombre valiente como pocos, pero tenía preguntas, ¿es Jesús el que había de venir? Quizás Jesús no era como se imaginaba. Juan, que había pasado su vida en el desierto, en la presencia de Dios, quizás esperaba a un Mesías reinante, y no a un Mesías sufriente. La pregunta era lícita, Dios admite nuestras preguntas, y no es reprendido por el Maestro. La cuestión es si tus preguntas proceden de la incredulidad (como las de su padre, Zacarías) o de la fe (“¿Cómo será esto?” Lc 1:34 preguntó María, y esta pregunta venía del asombro).
2. Dios supera nuestras expectativas. Rompe con nuestras fantasías, corrige nuestros prejuicios y nos sorprende. Dios es un León, no es posible encasillarlo, etiquetarlo o domesticarlo, Él es el Rey, ingobernable, porque es el Soberano Rey, el Único que habita en luz inaccesible, el Inmortal. No podemos empujarlo a definirse como Moisés quiso frente a la zarza. El es que es es. ¿Por qué preguntas mi nombre, que es admirable? (Juec 13:18).
3. Juan me asombra en su humanidad frágil. Es un hombre de Dios, duro como el desierto, valiente como para enfrentar al cruel Herodes, no tiene miedo a la muerte, ni al tirano, pero quiere saber Quien es Jesús, y a Quien ha anunciado toda su vida. En ese sentido (y en otros tantos) somos tan privilegiados… sabemos Quién es Jesús, sabemos que no tenemos que esperar a nadie más. Esa pregunta ha sido respondida, sólo nos queda seguir con la misión de Juan, anunciarle, darle a conocer, anticipar, esta vez, no su primera venida, sino su segunda venida.
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