viernes, junio 19, 2026

Ruina

 


Es cuando menos curioso, que buenos reyes como Uzías (y el mismo David) al final de sus días terminara rebelándose contra Dios. Esta es una advertencia para nosotros: cuando Dios nos da éxitos corremos el peligro de envanecernos y de pensar que es nuestra habilidad la que nos ha hecho llegar hasta allí. La tentación del éxito y la prosperidad son más poderosas que la de la desgracia. 

Dice el texto que “Cuando ya era fuerte, su corazón se enalteció para su ruina” ¡es un detalle llamativo! En nuestra fuerza es cuando somos débiles, y en nuestra debilidad es cuando somos fuertes en Dios. Y es que cuando somos débiles acudimos a Dios en humildad, le pedimos ayuda, y cuando somos fuertes ignoramos a Dios y comenzamos tener una imagen distorsionada de nosotros. Por lo tanto deberíamos TEMER cuando vengan tiempos de prosperidad, cuando nuestra fuerza y éxitos estén en el punto más alto, porque entonces es cuando más débiles somos y nuestras defensas espirituales están en el punto más bajo, cuando somos más vulnerables a llenarnos de orgullo y caer en la locura de “enaltecernos para nuestra ruina”. Oremos entonces que el Señor nos haga interiormente humildes, porque “antes del quebrantamiento es la soberbia”. 


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