"Y envió el rey Salomón, e hizo venir de Tiro a Hiram, hijo de una viuda de la tribu de Neftalí. Su padre, que trabajaba en bronce, era de Tiro; e Hiram era lleno de sabiduría, inteligencia y ciencia en toda obra de bronce. Este, pues, vino al rey Salomón, e hizo toda su obra."
1 REYES 7:13-14 RVR1960
No debemos confundir a este Hiram (artesano, huérfano de padre, judío) del rey Hiram, de Tiro.
Dios utilizó a un hombre extraordinariamente capacitado como era este Hiram, capaz de trabajar los metales, y capaz de crear finas obras maestras que durante tantos años dieron gloria a Dios en el Templo primero. Lo extraordinario no era la capacidad y los dones de Hiram, sino dos cosas:
1. El potencial de Hiram se multiplicó exponencialmente al ponerlo al servicio de Dios. Si ya era un hombre capaz, en cuanto se puso manos a la obra su potencial se volvió asombroso, y también su capacidad de trabajo. El texto detalla todo lo que hizo, las columnas de bronce, que en sí debieron ser portentosas, pero también se nos da detalles de los hermosos y detallados adornos, como las calabazas y granadas. ¡Cuando ponemos nuestros dones al servicio de Dios somos la mejor versión de nosotros mismos!
2. Sirvamos a Dios en las cosas pequeñas. Hiram no comenzó trabajando en Templos, para él sólo hubo un templo en su vida, ¿y qué hizo antes del Templo? seguramente cosas tan pequeñas que la Biblia ni siquiera las menciona. Pero no debemos desmerecer esto, porque las cosas pequeñas son las que nos capacitan para las grandes cosas. La Biblia tampoco menciona los años anteriores al ministerio púbiclo de Jesús, que sea invisible no significa que no sea importante.
3. Tus pérdidas no te definen. Hiram era huérfano de padre. Esa es una gran carencia que seguro que le marcó toda su vida. No tener padre implicaba perder un apoyo económico, personal y afectivo enorme. ¿Permitió Hiram que eso definiera su identidad? No. Conforme Hiram puso sus dones y su ser al servicio de Dios descubrió que era alguien nuevo, en primer lugar un siervo de Dios, pero también un siervo útil a Dios, reconocido por el rey Salomón y por otros, y sus obras quedaron como testigos de su capacidad.
Para nosotros, como hijos de Dios por la fe en Jesucristo, nuestra identidad y valía depende de la identidad y la valía de otro, Jesucristo, el Hijo Amado de Dios, Aquel perito arquitecto de la verdadera casa de Dios, Él fue obediente y capaz, y es por su valía y perfecta obediencia que nosotros aceptados y amados.
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