viernes, abril 10, 2026

 27 años casados hoy. Y he aprendido algunas cosas.

Todo lo que no nace del compromiso durará muy poco. El compromiso es la determinación de que pase lo que pase, no hay vuelta atrás, no hay Rubicón delante, y sólo hay una opción, hacer que funcione, y ser la mejor versión de uno mismo. 

Y esto os lo dice un romántico empedernido. Yo me tragué todas las historias de amor. Me las comí enteras, con papel de regalo y todo. Ahora mismo están en el mismo cajón con el ratón Pérez y los cuentos infantiles. 

Si te aferras a las expectativas te vas a frustrar. Te vas a envenenar. Y vas a terminar saboteándolo todo. 

No confundas la madurez con el aburrimiento. 

No confundas la serenidad con el estancamiento.

Antes de estar conmigo, mi esposa estuvo con 5 hombres diferentes. Y yo he sido cada uno de esos hombres. Asume la realidad: todos cambiamos. No somos los mismos que éramos. Decir: “lo dejé porque ya no es el mismo”, es asumir una obviedad.

Para que haya tiempo de calidad tiene que haber cantidad de tiempo. Los momentos mágicos surgen de cantidad de momentos cotidianos y anodinos. Pasad tiempo juntos, uno de los mayores aliados del matrimonio es pasear (y hablar). 

Los detalles importan. Cómo nos hablamos. Los pequeños gestos que dicen: me importas. 

Algunos asuntos esenciales: religión, niños, dinero y tareas domésticas. Ojito a eso. Compartir una misma cosmovisión es esencial. Tener la misma fe puede ser el factor definitivo.



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