jueves, abril 02, 2026

Amor que sacia

 AMOR QUE SACIA


“Tu amor inagotable es mejor que la vida misma: ¡cuánto te alabo!” v.3.

“Tú me satisfaces más que un suculento banquete; te alabaré con cánticos de alegría”. v.5.

Salmo 63.


Una constante en nuestra experiencia como seres humanos es la insatisfacción. Estamos hambrientos de amor. Los niños buscan amor de sus padres, y si no lo tuvieron cuando eran niños, lo buscarán continuamente en todos lados. Buscamos el amor romántico, esperando que nos cure la soledad y la tristeza. Buscamos el reconocimiento de otros, y por eso perseguimos el éxito. Pero estas son metas engañosas, cuando las consigamos seguiremos quedando insatisfechos: el amor nunca será suficiente para llenar los grandes vacíos de nuestra alma, el amor romántico se topa con la realidad a los pocos años, nos hemos casado con personas tan dañadas como nosotros mismos, y los éxitos y el reconocimiento nunca serán suficientes. Hemos sido creados para algo más. Experimentamos un hambre de “algo” que no se encuentra en est
e mundo, y por más que persigamos llenarla con cosas de nuestro mundo, seguiremos hambrientos.

El Salmo nos habla del amor “inagotable” de Dios como algo que 1. es mejor y más intenso que la misma vida, y 2. que sacia nuestra alma. Consideremos esos dos aspectos del amor de Dios. 

El amor de Dios es inagotable. No es como nuestro amor. Incluso el intenso amor de una madre se termina agotando, pierde la paciencia, se cansa. Pero el amor de Dios es constante, a pesar de nuestra rebeldía contra Dios, Dios sigue amándonos, de manera persistente, obstinada. Es su naturaleza, y eso es muy difícil de comprender para nosotros. Jesús moría en la cruz, mientras se burlaban de su sufrimiento y desnudez, y en medio de ese horror pedía perdón por los que habían cometido ese crímen. Asombroso amor.

El amor de Dios nos sacia. Somos seres relacionales, hemos sido creados para vivir en comunidad. Y hemos sido creados para relacionarnos con Dios. Dios es un Dios relacional. La Biblia comienza con un Dios que se relaciona con Adán, hombre y Dios pasean y charlan en el fresco de la tarde, como dos viejos amigos. En esos tiempos el ser humano era un ser completo, saciado. Tras la ruptura y enemistad entre el ser humano y Dios hemos quedado con un inmenso vacío. Hemos normalizado la ausencia de Dios, y viviremos vidas miserables mientras pensemos que todo está bien. No, nada está bien porque Dios no forma parte de nuestra experiencia. Jesús dijo que Él era el pan que descendía del Cielo (Juan 6:32), conocerle, relacionarte con Él, hablar con Él es estar alimentado, es poner fin al hambre del alma y experimentar la satisfacción. Dios está más cerca de ti de lo que crees. ¡Deja de anhelar y vive!


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