jueves, enero 11, 2024

Obediencia e intimidad

 



“La comunión íntima del Señor es con los que le temen, y a ellos hará conocer su pacto”.

SALMOS 25:14 RV2020


Tenemos que huir de la “súper espiritualidad” de ese cristianismo místico que está lleno de experiencias, sensaciones, voces, sueños y revelaciones, pero que se siente cómodo con la desobediencia. Aquel que pretende tener una íntima relación con Dios, pero ignora los mandamientos explícitos de Su Palabra, es un farsante, sólo busca tener una gran reputación, pero Dios ignora quien es. La obediencia y la intimidad con Dios van de la mano.

2. Existe un cristianismo que vive en cercana intimidad con Dios, que construye un mundo de afecto y confianza con el Creador que es único. Esa vida secreta y gozosa está basada en la confianza y la obediencia, es la esencia de la relación, y sin ella no hay comunión. Debemos anhelar esa clase de vida elevada y profunda, no contentarnos con nada que no sea eso. Cualquier verdadero hijo de Dios intuye que existen esa clase de vida escondida en Dios, quizás la haya experimentado en alguna medida, o quizás la disfrutó brevemente, ese fue el Espíritu de Dios señalándole el camino, despertando en él un gusto por las cosas celestiales y la presencia del Rey. Cuida esos anhelos, ambiciona esa clase de vida, busca esa intimidad. 

3. Esta clase de comunión se basa en la exposición de nuestra persona a Dios, sin ocultar ni disculpar, dejando que Dios examine nuestra vida, y que esa clase de exposición nos lleve a un arrepentimiento real. Sin confesión no hay comunión, sin arrepentimiento no hay vida espiritual. Tener contacto con el Dios que es Santo implica la vergüenza de ser examinados antes el ser más limpio que existe, y ser humillados ante tal clase de santidad. 

4. La perseverancia en la presencia de Dios. Vivir en la presencia de Dios no es un acto puntual que ocurre todos los días a la misma hora, sino constante. Sin duda se ve fortalecido por los encuentros diarios con el Señor, y con los medios de Gracia que Él ha provisto, pero no podemos limitar a Dios a determinadas horas del día, sino vivir en Su presencia. 

5. El conocimiento íntimo de Dios. Aquellos que disfrutan de tal clase de vida, que han sido humillados por su pecado y la Santidad de Dios, y que andan en cercanía y obediencia entran en el secreto de Dios, son amigos del Rey del Cielo, conocen la mente de Dios, teniendo una perspectiva celestial de todas las cosas. Sin embargo, no nos mueven los privilegios sino la amistad con Dios, su compañía y su trato con nosotros es nuestra gloria, nuestro privilegio, y no podemos exigir nada al Dios que nos salvó y que nos llamó a esa clase de vida en Él.


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