sábado, mayo 20, 2023

La mente y el corazón de Tim Keller

He terminado de leer por segunda vez el artículo de mi querido José de Segovia en Entre Líneas. Me he sentido conmovido, a la vez que tiernamente convencido de mis feas actitudes por la hermosa descripción de una persona tan bondadosa como Keller. 

Quiero destacar algunas cosas que me han dejado reflexionando del artículo.

Encarnar el evangelio: 

Si la mejor predicación es como decía Philip Brooks, la comunicación de “la verdad a través de la personalidad”, Keller no podía ser más auténtico.

Con los años empiezo a entender que no sólo basta con tener el evangelio, es necesario que el evangelio te tenga a tí. No sólo hay que creerlo como una verdad objetiva, hay que vivirlo en nuestras relaciones. Nosotros pensamos en ganar batallas "con" la verdad, Jesús quiere que las perdamos con la actitud adecuada, para que perdiendo, ganemos sin palabras a los que no creen. Importa cómo crees, cómo amas, porque el evangelio lo reflejas en cada gesto. Siento vergüenza de mí mismo por haber creído las cosas correctas, puede que incluso enseñado las cosas correctas, con una actitud altiva. El evangelio no se trata de eso. Seremos mucho más eficaces en la medida en que el evangelio no tenga a nosotros, Jesús esté en el centro de todo. 

Esta actitud que José describe de Keller, la compasión hacia sus "adversarios" frente a la crueldad de los mismos, es el tipo de caballerosidad cristiana a la que aspiro.

Lo segundo tiene que ver con una actitud curiosa, que busca entender las posiciones de los demás, y entenderlas tan bien que puedas exponerlas con más claridad ¡incluso que ellos! qué pocas veces buscamos entender profundamente lo que piensa nuestro interlocutor, preferimos reducirlo a una etiqueta, evitar el esfuerzo de comprender, y lanzarnos rápidamente a rebatir. Admiro ese cristianismo inquieto, curioso y amigable de Keller, de Schafer, de Lewis. Quizás el mayor obstáculo para el evangelio seamos nosotros mismos, con nuestra actitud de "santa" separación que en realidad no es más que un fariseísmo bien entendido. Tememos pasar tiempo y empatizar con "el mundo", no vaya a ser que por comprender cómo piensan y amarlos, dentro de nuestras filas nos llamen mundanos, cuando lo único que somos es misioneros De Dios que nos hemos mezclado con aquellos a los que somos enviados. 

Estoy deseando leer los siguientes artículos de esta serie. Mientras tanto sigo reflexionando en lo necesario que es, para ser eficaces, ser transformados.  






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