miércoles, noviembre 15, 2023

Vivir en dos lugares



Porque habéis muerto, y vuestra vida está escondida con Cristo en Dios. Cuando Cristo, vuestra vida, se manifieste, entonces vosotros también seréis manifestados con él en gloria.

Colosenses 3:3‭-‬4 RVR1960


El creyente es, en cierto sentido, alguien que ha muerto con Cristo, y cuya vida está en Cristo. ¿Qué quiere decir eso? Quiere decir que hemos sido trasladados. Cuando alguien cambia de residencia su vida cambia de lugar, sus amigos, sus pasatiempos, su trabajo, todos están en su nueva ubicación. Nosotros hemos cambiado, hemos sido trasladados de una esfera de vida terrenal a una esfera de vida celestial. 

2. En relación a este mundo el creyente ha terminado su vida aquí. Un muerto ha perdido toda esperanza que pudiera tener, todas las ambiciones, todos los sueños. A un muerto no le queda nada en esta vida. De nada le sirve desear o hacer planes en este mundo, este mundo ya no tiene nada para él. Eso somos nosotros aquí, muertos sin esperanza, para los que no hay nada. Somos completos extraños y la vida transcurre sin nosotros, porque ya no pertenecemos a este mundo.

3. El lugar al que hemos sido traslado no es un lugar, es una persona, es Jesús. Él es nuestro Cielo. Él es nuestra vida, Él es nuestro mundo. Ahora pertenecemos a una nueva sociedad, un nuevo Reino, un nuevo lugar. Nuestras esperanzas, ambiciones y posibilidades son completamente nuevas, de otra clase. Nuestro “Cielo” es una categoría completamente nueva, mientras que este mundo está caído, el Cielo es eterno, mientras que este mundo está corrompido y en descomposición, el Cielo es eterno y nuevo. Mientras que este mundo es un lugar de malicia y egoísmo, en el que Dios no está presente, el Cielo es un lugar de estrecha comunión con el Dios eterno, sin la interrupción del pecado, y es un lugar en el que imperan nuevos principios revelados en el sermón del Monte, una mentalidad tan extraña que es locura a los hombres de este mundo. 

4. En otro sentido el creyente vive en dos sitios simultáneamente. Físicamente está en este mundo, espiritualmente está en Cristo. Pisamos el mismo mundo que los demás, pero este mundo no tiene nada de nosotros. La contaminación y la corrupción de este mundo no le alcanza, Él lleva la fragancia del Cielo, su verdadero hogar. Quizás alguien pueda ver en nosotros una cualidad diferente, y tendrá razón, somos una anomalía, estamos fuera de lugar aquí.

5. Como creyentes renovamos nuestra mente y nuestro espíritu al meditar en Cristo Jesús. En en su persona que tenemos comunión con Dios. No encontramos descanso en ninguna de las cosas de este mundo, sólo tenemos descanso en nuestro Salvador. Somos suyos, y Él es nuestro, Él es nuestro destino y nuestro recreo ahora. Cuando estamos agotados tras pasar un día completo en este mundo que no es nuestro, nos renovamos al tener contacto con Aquel que es nuestro verdadero mundo.


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