viernes, septiembre 22, 2023

El gozo del perdón

 Mas era necesario hacer fiesta y regocijarnos, porque este tu hermano era muerto, y ha revivido; se había perdido, y es hallado.

S. Lucas 15:32 RVR1960


EL GOZO DEL PERDÓN


La parábola del hijo pródigo es una historia que ilustra el deseo de Dios de reconciliarnos con Él, la alegría del arrepentimiento del pecador, y el llamado a la comunión. Pero también es una historia que ilustra la maldad de una actitud religiosa que no desea el arrepentimiento sino el juicio, y que no se goza con la reconciliación sino con la acusación.

2. Dios desea que el pecador vuelva a Él. Nos sorprende y nos conmueve saber que el Dios soberano mira al pecador con un profundo anhelo para que vuelva a Él, ¿por qué esos deseos? no es una especie de dios inmutablemente apático, sino apasionadamente compasivo: Dios ama la reconciliación y desea nuestro bien, ¡con razón te aman!

3. Dios se alegra del arrepentimiento del pecador. En la parábola, el padre corre en dirección al hijo disipador. En la cultura oriental un hombre de verdad no corre, sólo un niño corre, un padre, un rey, un mandatario, no corren, porque correr atenta a su dignidad, pero aquí Jesús cuenta que el padre corrió. En oriente a lo que nosotros llamamos “la parábola del hijo pródigo” ellos la llaman “la parábola del padre que corre”. Y corre en dirección al pecador arrepentido, deja las 99 ovejas y busca a la oveja perdida. Esto nos habla de la profunda compasión de Dios por el pecador, de sus deseos de bien y paz para que los pecan, dejen de hacerlo y vuelvan a él. “Buscadme y viviréis” dice el Señor, ¿por qué huir del Dios que tanto nos ama? ¿Qué clase de mentiras malignas hemos creído para huir de alguien que nos ama de manera tan perfecta? corramos nosotros en pos de Dios, busquémosle sobre todas las cosas, ambicionemos una mayor comunión y conexión más profunda con Dios, por medio de Jesucristo.

4. El contraste entre la actitud del padre y la del hijo mayor no puede ser más grande. El hijo mayor no se alegra de la fiesta que ha hecho el padre, ¡tampoco quiere entrar en la fiesta!, le espanta la generosidad del padre, es incapaz de olvidar los pecados de su hermano arrepentido, y finalmente acusa al padre de ser injusto, alejándose él del padre. Cada uno de nosotros llevamos dentro un hermano mayor. Cuando pensamos en nuestra justicia personal, cuando olvidamos nuestros pecados y nos enfocamos en los pecados de otro, y cuando finalmente nos creemos más justos que Dios, más sabios que Dios, y en nuestra locura nos constituímos en un dios mejor que Dios mismo.

Como hijos de Dios perdonados, ¿no deberíamos buscar, desear y procurar el bien de los que están lejos? ¿No deberíamos buscar hacer fiestas de reconciliación para aquellos que reconocieron su necesidad de perdón? ¿No deberíamos correr en pos de ellos? Dios nos llama a salir a las calles y a las plazas para encontrarnos con aquellos que se deleitan en la comida de los cerdos, y llevarlos a los manjares de la casa del Padre. Que el Espíritu de Dios que llevó a Felipe a encontrarse con el funcionario etíope, nos impulse a ir a otros, a hablarles del anuncio de paz en Jesús.


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