Ayer por la mañana dí el primer mensaje titulado "El mandamiento más importante", y luego un taller sobre discipulado, todo iba bien hasta que.... comencé a quedarme afónico, más y más hasta que poco antes de la cena perdí la voz. Me dolía bastante la garganta, tosía y lo peor que le puede pasar a un parlanchín como yo ¡no podía hablar!.
En la cocina me prepararon agua caliente limón y miel que me sentó muy bien. Una de las cocineras, aunque no necesitaba limones los compró por si alguien se pudiera sentir mal y necesitarlos, ¡bendita previsión!.
Una de las asesoras de GBU que organizaban el retiro estaba algo preocupada, ¿qué pasará si mañana sigues afónico?. Le dije que esperaba mejorar.
Además creo que me resfrié a base de bien, tras la cena me salté la velada de oración y me fuí a la cama, caí fulminado (el día anterior había dormido cinco horas con los últimos detalles). Cuando me desperté una de las primeras cosas que hice fué intentar hablar y.... nada, un sonido entre el croar de una rana y El Padrino salía. La mañana transcurrió y fuí mejorando, y aunque mi voz no sonaba bien del todo pude predicar. De hecho he grabado ambas participaciones, la segunda suena "casi" bien. ¡Gracias a todos los que estuvísteis orando!, no sólo lo necesitaba por la voz.
Diario personal de Julio Martínez, autor de la página estudios-biblicos.org, así como del podcast Jesús en internet.
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