viernes, mayo 08, 2026

Notas 08/05/26

 Ahora bien, su padre, el rey David, jamás lo había disciplinado, ni siquiera le preguntaba: «¿Por qué haces esto o aquello?». Adonías había nacido después de Absalón y era muy apuesto.

1 Reyes 1:6 NTV

Algunos de los errores de David se repiten, y uno de ellos fue no corregir a sus hijos, algo que también le ocurrió al profeta Elí (1 Samuel 2:12 y 3:13). Lo que la Biblia enseña es que esta ausencia de corrección es algo que finalmente se vuelve contra los padres, y causa grandes problemas en la sociedad. La Biblia nos muestra la grandeza y la miseria de los hombres y mujeres, no son santos, ni perfectos, lo que nos muestra la veracidad del relato bíblico.


EL LEGADO DE DAVID

Cumple los requisitos del Señor tu Dios y sigue todos sus caminos. Obedece los decretos, los mandatos, las ordenanzas y las leyes que están escritos en la ley de Moisés, para que tengas éxito en todo lo que hagas y dondequiera que vayas. 

1 Reyes 2:3 NTV

Aunque David acumuló en su tesoro personal inmensas riquezas (buena parte de ellas las ofrendó para la construcción del Templo que Salomón su hijo había de edificar), el verdadero legado que le dejó a su hijo fue el consejo de seguir y obedecer a Dios, a la Palabra de Dios para que tenga éxito como rey. No pudo dejarle mayor herencia.

Otros reyes de Judá e Israel buscaron sabiduría en las otras naciones (idolatría, adivinos, pactos con potencias extranjeras) y por ello construyeron reinos frágiles. Nosotros debemos construir una vida firme siguiendo fielmente el consejo de Dios, prestando atención a su Palabra, obedeciendo sus mandamientos. En ocasiones puede parecer que obedecer a Dios nos causará más daño que la mentira cobarde, o las alianzas humanas, pero a la larga Dios siempre bendice. Oremos, para que nuestra confianza sea solo al Señor, y nada más que para Él. 


Entrega al Señor todo lo que haces; confía en él, y él te ayudará.

Salmos 37:5 NTV

Cada mañana, antes de comenzar el día, debemos ponernos en la presencia de Dios, dirigir nuestra mirada a Él, y poner en sus manos todo lo que hagamos. Confiar y encomendarnos a Él implica hacer de Dios nuestra máxima autoridad moral, nuestra guía, nuestro referente. Reconocer que en Dios hay más sabiduría que en cualquier humano, y que Dios tiene todo el poder para llevar a cabo su buena voluntad. Este mundo está en manos de Dios, no en manos de la casualidad, ¡nosotros mismos estamos en manos de Dios! ¿Cómo no confiar en Él? Oremos que nuestra voluntad sea dócil, que seamos obedientes en el día de hoy, que podamos escuchar los susurros del Espíritu de Dios y discernir Su voluntad en medio de los ajetreos del día. Que podamos honrarle como a Dios.

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