Traduciendo el evangelio.

viernes, junio 28, 2013

 Es muy difícil abstraernos de nuestra cultura evangélica. Tenemos términos que definen magníficamente lo que queremos decir, y lo hacen con una precisión extraordinaria. El problema es que sólo los entendemos nosotros.

 El otro problema es que nos cuesta mucho vivir sin nuestros términos. Por amor a otros tenemos que ser capaces de reflejar la verdad de la inmutable Palabra de Dios a un lenguaje comprensible. Pero hace falta un esfuerzo y una capacidad que no son espontáneos. Por otra parte tenemos que vencer los escrúpulos de algunos de nosotros que ponen estas tradiciones al nivel de la Palabra de Dios. No nos confundamos, no son lo mismos. Si nos mueve la misma compasión por las almas que mueve al Señor Jesucristo, tenemos que salir de nuestros castillos de tradiciones y movernos a los campos blancos, listos para ser segados.

Hacer ese trabajo de "traducción" requiere esfuerzo e intencionalidad. No es algo que surga por sí mismo. Requiere reflexionar, salir de nuestro ethos linguístico y buscar el bien de la otra persona, hacernos comprensibles y cercanos. El predicador y el evangelista son profetas (en el sentido de comunicar la Palabra a las personas, no de traer nuevas revelaciones), tomados de entre el pueblo, y para servir al pueblo, son comunicadores, no académicos. Si su mensaje es rechazado, no es su culpa, pero sí es su culpa si no se esfuerza por hablar de forma comprensible, con ejemplos cercanos.

Estamos muy necesitados de predicadores y evangelistas que conecten la perfecta Palabra de Dios. El sustituto de estos hombres de Dios son los charlatanes, feriantes, mentirosos, habladores de vanidades que hoy ocupan púlpitos y canales de TV. No predican la Palabra, no aman la Palabra, tampoco aman a las personas, las entretienen, les prometen todas las codicias necias que desean, mientras los llevan camino del infierno. Estos son los predicadores de prosperidad, los que "confiesan", "reclaman", y ordenan a Dios lo que debe hacer. Sí, ellos conectan con la gente, de la misma manera que la pornografía conecta con los más bajos instintos de las personas.

¿Dónde se aprende a predicar así la Palabra de Dios?. Pastoreando, visitando, evangelizando. Se aprende en células, por medio de estudios bíblicos en los hogares, compartiendo el evangelio con jóvenes no creyentes que han sido educados sin ninguna noción de Dios o transcendencia (que los hay, y cada vez más).

Una predicación así es una puerta abierta al poder de la Palabra de Dios y el Espíritu Santo en los corazones duros de los hombres. Necesitamos predicaciones así.

Aclaraciones
Como dijo Spurgeon, el modernismo es usar la ideología humanista con vocabulario bíblico, pero el trabajo del predicador es tomar la verdad de la Palabra de Dios en lenguaje que entiendan las gente de este mundo.
La Palabra no cambia, es inmutable, autoritativa, perfecta. El lenguaje sí cambia.
Uno de los logros de la Reforma fue poner la Biblia en lenguas vernáculas.

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