El ser más solitario del mundo

jueves, septiembre 22, 2011

Una de las fuentes de conocimiento más interesantes viene del contacto con las personas. Escucharles, conocerles, comprenderles. En mi vida y servicio en la iglesia he tenido el privilegio de hacer grandes amigos, no sólo amigos de hacer bromas y pasarlo bien, si amigos "a corazón abierto".

Alguien dijo que no hay nadie tan solitario como quien tiene un secreto. Y conozco a algunas personas que están deseando librarse de esa carga, de ese secreto que les hace sentir solitarios y en muchas ocasiones les hace sentir culpables. He conocido personas que me han asegurado que tienen cosas que comentarme, pero que aún no están listos. Lo cierto es que cuando escucho aquella carga, no siempre es tan terrible, pero la esclavitud a la que les somete sí que lo es.

El Salmo 32 nos habla de cómo podemos vernos libres de esas cargas que nos asfixian, "mi pecado te declaré, y no encubrí mi iniquidad" y añade "Confesaré mis transgresiones al Señor". Cuando alguien puede librarse de esa carga secreta puede decir "Tú eres mi refugio, me guardarás de la angustia".

Nunca como ahora había visto a tanta gente solitaria, y nunca como ahora, en esta sociedad que ha "superado" la idea de un Dios personal he visto a tanta gente cargar con tantos secretos. Nadie te librará de ellos, ni siquiera pagando 90 Euros la hora de sesión, pero Dios quiere hacerlo, nos está esperando.

El heredero

miércoles, septiembre 21, 2011

Ayer mi querida enfermera y un servidor fuimos al teatro a ver la obra de teatro "Yo, El heredero" del autor Eduardo de Filipo. Nos ha encantado. Quienes entren en la obra esperando ver una comedia se irán llevando una sorpresa, no tanto por el desencanto sino por la profundidad del mensaje de la misma.

Una adinerada familia dedicada a la caridad, y tremendamente pagados de sí mismos hablan de lo generosos que son y de la importancia le dan a la caridad. Pero esa ilusión de falsa bondad se verá hecha pedazos con la llegada del heredero.

¿Hacemos un favor a aquellos a quienes ayudamos, o les estamos haciendo dependientes de nuestra asistencia?, ¿en qué medida la caridad es una manera de matar la iniciativa de alguien?, ¿hacemos el bien porque amamos al prójimo o por la gratificación que nos producen las alabanzas de los demás?.

Estas son preguntas muy serias que la obra trata muy seriamente, un misterio que se va revelando poco a poco y en el que la apariencia se va desvaneciendo, dejando una realidad desagradable, moralmente terrible, y de un egoismo zafio.

Cuando el Señor Jesús anduvo por este mundo se enfrentó en toda su crudeza a esta hipocresía, en concreto la peor de todas, la hipocresía religiosa.  Nuestras supuestas buenas obras son, a los ojos de Dios, lo más sucio que te puedas imaginar, son los motivos que nos ocultamos a nosotros mismos los que empañan la bondad de la que alardeamos. Sólo hay un tipo de obra que nos permite alcanzar la justicia y el favor de Dios, esa obra es la fe en los méritos de Otro, de Cristo Jesús, el justo, y el que justifica a aquellos que reconocen su maldad y lo hacen Señor y Salvador en sus vidas.

Predicar el evangelio, un arte

lunes, septiembre 12, 2011

Cuando leo y releo los sermones de Spurgeon, los escritos de los puritanos, y algunos clásicos espirituales españoles, veo el poder detrás de las palabras, y la belleza de las mismas. No sólo apelan a mi intelecto, el predicador Spurgeon convence, emociona, reta, se indigna, es capaz de construir metáforas vivas, capta la atención de nuestras mentes, conmueve los corazones endurecidos.

No desecho la homilética. Creo que el estudio y la comunicación de la Palabra exigen lo mejor de nosotros, y demandan la habilidad de ser capaces de expresar con claridad y fidelidad el pensamiento de Dios. Pero eso no es todo. Es también un arte, debe transmitir la belleza del evangelio de la Gracia, la humildad antes un Dios glorioso. Necesitamos pensadores, oradores, pero también poetas.

Me impresionan las palabras de un amigo de Spurgeon, quien decía: "He escuchado predicar a Spurgeon muchas veces, pero nunca lo he encontrado tan inspirado como cuando le oí predicar el evangelio junto al lecho de un niño moribundo".

Conociendo la voluntad de Dios parte 2

¿Cómo podemos conocer y discernir la voluntad de Dios?, ¿cómo podemos tener la certeza de lo que Dios nos pide y no ser presa del autoengaño?. En este estudio veremos el papel de las Escrituras, la guía del Espíritu Santo, las circunstancias que Dios pone en nuestro camino, y la confirmación de la iglesia local.

¿Qué es lo que le interesa a la gente?

jueves, septiembre 08, 2011

Estoy terminando de escuchar un debate llamado "The Elephant´s room", compartido por la iglesia de Mars Hill. En este debate se comenta el papel de la cultura como vehículo para el evangelio, ante la cultura podemos adoptar tres actitudes: rechazarla, redimirla o recibirla. La discusión no podría ser más interesante.

En un punto alguien dijo que los cristianos estamos ofreciendo respuestas ante preguntas que nadie se hace. Esto es algo que estoy aprendiendo a duras penas. Como he dicho en otras ocasiones soy hijo del modernismo, amo mi Biblia y mis Teologías sistemáticas, amo las categorías teológicas y el debate intelectual. Pero a la gente les preocupan cuestiones mucho más personales como: Mi madre ha muerto, o ¿cómo puedo perdonar a mi ex marido?.

Tenemos que bajarnos de ese púlpito de teólogo y hablar como maestros de la vida, conociendo a las personas que se han tomado la molestia de madrugar un Domingo, o bien aquellos que están mirando un vídeo en Youtube, y ofrecerles las respuestas a las preguntas que tienen Y el evangelio de Jesucristo, sin adulterar, sin rebajar, conectándolo con su situación personal.

No es fácil. Supone dejar atrás una subcultura muy cerrada como puede ser la nuestra.

Siguiendo la dirección del Señor

lunes, septiembre 05, 2011

Hacer discípulos

domingo, septiembre 04, 2011

Buscando la voluntad de Dios

viernes, septiembre 02, 2011

Decía Einstein que la casualidad es un pseudónimo de Dios. Llevo como dos semanas donde un tema se está repitiendo sin parar, primero fué una conversación entre amigos cristianos, luego un correo con una pregunta sobre el tema y finalmente me vino la idea para una predicación. Fijaos en mi última frase, he dicho "me vino la idea" no he dicho: "el Señor me dijo que predicara sobre este tema", o "el Espíritu Santo me habló". No he dicho eso.

El problema es que muchos utilizan esas expresiones como tantas frases "evangélicas", puros clichés vaciados de contenido. Otros simplemente abusan de estas frases, sabiendo el poder que tienen sobre el pueblo de Dios, "el Señor me dijo que construyéramos un nuevo edificio de reuniones", "sentí en mi corazón que Dios quería que yo me mudara de casa", "no debo salir contigo porque no tengo paz". ¿Os suena de algo?.

No digo que estas cosas se dicen con mala intención, simplemente creo que se dicen con ligereza.

Hace casi un año, en un retiro de jóvenes universitarios un chico me preguntó: "Tengo una duda, ¿cuando un pastor dice que el Señor le habló, realmente le habló o más bien tuvo una sensación o deseo que pensaba que venía de Dios?, ¿es posible que Dios le hable?, porque a mí Dios nunca me ha hablado".

Ni a mí. Al menos verbalmente.

El conocido Dr. House dice en uno de los episodios que da nombre a su serie de TV: "Si tú hablas con Dios eres piadoso, pero si Dios habla contigo eres esquizofrénico". Si no fuera creyente diría que esa frase es cierta. Pero como soy cristiano bíblico tengo un problema con esa frase: porque Dios es real, y habla.
     Tenemos una Biblia llena de personas a las que REALMENTE Dios les habló. Lo oyeron. Oyeron Su voz, sus palabras. Y no eran esquizofrénicos. Algunos ¡ni siquiera eran buenas personas!.

La cuestión no es si Dios habla o no, sino si Dios se repite.

Dios ha hablado, a los profetas, y en estos últimos tiempos (porque amigos, estamos en los últimos tiempos) ha hablado en Su Hijo, Jesucristo. Lo que Dios ha querido que recordáramos ha quedado por escrito, estos escritos son un total de 66 libros (nuestros amigos católicos dirán que puede que algunos más, pero que tampoco están seguros del todo). A esa colección de libros la llamamos Biblia y es el conjunto de todo lo que necesitamos creer y practicar. Es el kit de supervivencia cristiano, allí encontramos TODO lo que necesitamos. Desde luego no encontramos artículos para satisfacer nuestra curiosidad, sino sólo lo imprescindible para sobrevivir a un mundo enemistado con Dios y para vivir vidas llenas de Dios y de amor por otros.

Todo lo que Dios quiere que sepas está allí, en la Biblia. Si quieres saber Quien es Jesús y por qué es tan importante: lee la Biblia. Si quieres saber si podemos afirmar que hay una división entre lo bueno y lo malo: lee la Biblia. Si quieres saber qué papel tienen las otras religiones y si nos salvan o no: lee la Biblia. Pero sobre todo: no esperes que te venga una respuesta del Cielo a una pregunta que YA ha sido respondida en la Biblia.

Por ejemplo, alguien quiere saber si puede dejar a su marido y unirse con un hombre de la iglesia que es más guapo, más espiritual y pesa noventa kilos menos. Entonces va y se lo pregunta al Señor. Al día siguiente va al pastor de su iglesia y le dice: "le pregunté al Señor si era su voluntad que me casara con el hermano noventakilosmenosymasguapo, y pastor, cuando se lo pregunté al Señor una inmensa sensación de paz llenó mi alma, el testimonio del Espíritu Santo que me dijo "hijo mío, esa es mi perfecta voluntad para tí" y pastor, esta mañana he ido al abogado para rellanar los papeles de divorcio".

Así que lo más sensato y lo que Dios quiere para nosotros es que antes de preguntarle algo que ya ha dicho, nos tomemos la molestia de leerlo por nosotros mismos. Pero ¿y si tenemos que preguntarle a Dios por algo que NO está en la Biblia?, por ejemplo, en la Biblia no dice nada sobre si me debo casar con la hermana X o la hermana Y. Ok, la Biblia no lo dice (¡menos mal!), pero sí te dice qué es una mujer según Dios para que tú uses esos criterios para distinguir quien te conviene.

Así que la vida cristiana no es como el espiritismo, sino que tiene que ver más bien con el sentido común, un sentido común dirigido por la Palabra de Dios, educado por la Biblia, guiado y corregido por la revelación escrita. A nosotros nos gustaría más ser guiados por sueños, sensaciones, señales que nos indican el camino, coincidencias de números. Pero ni siquiera aquellos que oyeron la voz de Dios vivieron así, pasaron años de preguntas y luchas internas, entre obedecer al Dios invisible o sus propios pensamientos, sensaciones y sueños, entre la fe en lo que Dios ha dicho y entre lo que siento ahora mismo.

El cristianismo sufre una anemia de Biblia y una embriaguez de sueños y sensaciones "santificadas". Volvamos a meditar en la Palabra, y a tomar decisiones apoyadas en la sabiduría de Dios.