El fruto gozoso del sufrimiento

jueves, noviembre 12, 2009


Llevo desde el martes acatarrado. Hoy volví a sentirme regular, el día había sido largo y pensar en ir a la célula me daba una pereza enorme. Antes que nada decir que amo a mis hermanos de mi célula, desde hace años son mi familia, en un sentido muy real, no metafórico. Como sabéis los que seguís este blog en nuestra célula nos ha pasado de todo, hemos pasado muchos momentos malos, muchos. Pero tantas situaciones nos han acercado más al Señor, y entre nosotros. También hemos tenido momentos muy buenos. En verano quedamos sólo para charlar y comer algo, y nos dan las tantas de la madrugada contando testimonios, experiencias, de todo.

Es una bendición ser parte de un pequeño grupo de creyentes que tiene comunión entre semana. Pero es importante abrirse. Si no, la comunión no tiene sentido. Por desgracia veo a miembros de iglesias limitar su contacto a lo imprescindible, y no abrirse nada. Se sienten muy celosos de su privacidad, pero en el fondo temen ser vulnerables y en el centro de todo se esconde cierto orgullo y egoísmo tapado con capas y capas de excusas. Necesitamos ser sinceros, necesitamos abrirnos con los que nos quieren, necesitamos ser nosotros mismos. Esto es la iglesia, la familia de la fe, y eso de familia no es una metáfora. Es real.

Por cierto, mi célula es de hermanos de Ecuador, y digo que es, porque este españolito que os escribe ya ha sido "ecuatorianizado" después de años de preciosa comunión y rico ceviche.

Pues bien, hoy no tenía ganas de ir a la célula. Tenía la nariz atascada, mal cuerpo, y bastante compasión de mí mismo. Cuando estaba casi decidido a ir llamando para excusarme pensé ir, no por una motivación santa y buena, sino como tantas cosas en la vida cristiana, por sentido de responsabilidad, porque si no, no lo haría de ninguna manera (lo siento hermanos, sé que no tengo la motivación correcta...).

Ahora
son las doce de la noche, la célula ha sido larga, ha habido lágrimas, y oraciones, abrazos y más lágrimas. Pero ha sido bueno. Estar allí ha sido bueno. Ha sido bueno consolar y aconsejar, ha sido bueno orar juntos. Echando la vista atrás pienso: menos mal que vine, ¡gracias Señor!. Y por otro lado pienso: "¿no sería esta una artimaña del... otro?, un poquito de autocompasión y ¡zasca!, un peón fuera de los planes del Señor". Podría ser.

Nuestra iglesia local está recibiendo golpes por todos lados. Si os cuento las cosas que están ocurriendo os costaría creerlo. Problemas de enfermedad, bastantes, problemas de trabajo, también bastantes, de hipotecas e impagos, algunos, problemas familiares, no pocos. Nos alarmamos y nos preguntamos ¿qué está pasando?. También el "otro" está deseando meter cizaña, pero con poco éxito, el Señor guarda su res.

Este Domingo me acerqué a un hermano que está sufriendo intervenciones y... malas noticias de salud, y eso ahora, el año pasado sufrió un serio revés económico. Nos saludamos y él me dijo que le había gustado el mensaje. Le pregunté (oculto su nombre):

-Francisco, ¿lo que estás sufriendo te está acercando a Dios?-

Él me respondió con total convicción y con los ojos encendidos.

-Mucho, ¡muchísimo!- me dijo mirándome- lo que he compartido en el tiempo libre... eso de Romanos 5 "Justificados pues por la fe, tenemos PAZ para con Dios....", eso ¡es verdad!, ¡yo tengo paz!.

Me emociono al recordar esto. Azotados por las pruebas, algunos rotos de dolor, y otros consumidos por la angustia, ¡pero no derrotados!, porque todas estas pruebas están refinando la fe, acrisolando sus corazones, afirmando su convicción. Y creo que el Señor ha conducido a su pequeña iglesia de Hortaleza a través de este desierto de pruebas para que sea un testigo glorioso de Jesucristo.

Sufrimiento, qué tratamiento tan doloroso, tan ignorado por la cristiandad actual, pero tan presente desde el mismo nacimiento del cristianismo: la Cruz de nuestro precioso Salvador Jesucristo.

1 comentarios:

Lisi dijo...

Qué testimonio más conmovedor, y cuánto se enternece mi corazón leyendo sobre mis queridos hermanos en Hortaleza. Estáis en mis oraciones. Un abrazo.