Montando un sofá de Ikea

miércoles, septiembre 02, 2009


Odio y amo Ikea. Todo a la vez. Me gustan sus precios, sus ideas tan creativas para espacios pequeños (y nuestro pisito lo es), sus albóndigas del restaurante con nombre impronunciable. Por otro lado no me gusta recorrerme el equivalente a Estocolmo para llegar a las cajas.

El lunes fuimos a Ikea decididos a cambiar de sofá. Nuestro sofá actual (que nos salió muy baratito al comprarlo antes de casarnos) aunque está bien, es muy incómodo, es una especie de sofá diseñado por un fisioterapeuta loco y sociópata: te sientas una hora en él y terminas en silla de ruedas el resto de tu vida (vaaaaale, es una exageración).

Finalmente encontramos uno que nos gustó, buen precio, y además sofá-cama de matrimonio, ideal para cuando que cuando vengan nuestros amigos a ver un concierto de Michael W. Smith no tengan que dormir hacinados.

La siguiente fase del proceso es montarlo. Menos mal que es un sofá, pensé, debe ser sencillo. En el pasado he montado armarios y mesas con cierta dificultad. Saqué el manual de instrucciones y me puse con ello, todo marchaba bien pero empecé a darme cuenta de que algo fallaba, el manual daba por montadas cosas que antes no había explicado. Comencé a ponerme nervioso y sudar (no precisamente en ese orden).

Saqué todas las cosas de sus cajas y dí con la clave: una página del pequeño manual - folleto se había soltado (no está grapada, se ve que los suecos no lo consideran ecológico) y era exactamente la página que necesitaba para comprender el proceso de montaje.

Una vez montado me admiré de lo bien pensado que tienen todo los ingenieros y diseñadores de Ikea, haciendo del montaje algo fácil, donde todo encaja, tiene sentido y armoniza con el todo del sofá. Un diseño estéticamente bien hecho, inteligente en todo el concepto, embalaje, montado....

Igual que este mundo.

La ciencia progresó porque científicos cristianos dedujeros que si todo es obra de Dios no hay azar en el diseño, sino que el Supremo Diseñador estableció leyes por las que regir el mundo natural, el papel del científico es conocer esas leyes. Dawkins, el paladín del ateísmo, quien no se distingue por su respeto a la libertad religiosa y quien aboga por un modelo estalinista de educación (el Estado tiene la propiedad de tus hijos, no tú), ha dicho que negar la evolución es un crímen tan grande como negar el holocausto, o dicho por él mismo: "People who reject the theory of evolution should be placed on a level with Holocaust deniers".

Con lo que Dawkins demuestra que su amada teoría de la evolución ha pasado del debate científico al debate ideológico.

Creo que Dawkins debería montar más muebles de Ikea. Y repasar sus libros de ciencia, de paso.

1 comentarios:

Gil dijo...

Jajajajajaj. Enhorabuena.