Cuando los pastores están de guardia

martes, junio 24, 2008

Ayer por la tarde estaba dando un agradable paseo con mi esposa. En el punto de retorno (mira tú qué casualidad) hay un kiosko de helados, ella (chica prudente) se pidió un Calippo de Lima-limón y yo, un solero de frutas del bosque. Ya volvíamos cuando sonó el teléfono, era mi compañero de ministerio, Ángel.

-¿Dónde estás compañero?.
-Pues aquí, dando un paseo con mi esposa.
-Pues vamos a tener que quedar, a XXXXXXXX (omito el nombre, se trata del hijo de unos creyentes de nuestra iglesia local), le han cortado media pierna, vamos a visitar a los padres.

Este chico tiene una enfermedad que no deja de tener malas consecuencias para su salud desde que era un niño. Ahora tiene casi cuarenta años.

Pusimos rumbo a casa, tenía que cambiarme, luego Ángel me recogería, la idea era ir a casa de esta querida familia a estar un rato con ellos. De todas las personas que conozco a pocas les ha tocado una porción de sufrimiento más grande que a este matrimonio, no conozco a muchos que hayan pasado por la viudez, pérdida de un hijo, y otras cosas, además de la enfermedad que os comento de uno de sus hijos. Y a pesar del sufrimiento, como dice la Escritura ellos son capaces de consolar a otros en medio de sus tribulaciones.

Cuando llegamos a la casa ya había anochecido. Ellos no nos esperaban, pero agradecieron la compañía. Nos pusieron al corriente de la situación, charlamos con ellos, oramos con ellos y les dejamos. Ser pastor está lleno de experiencias, alegres y amargas, en cualquier caso es un privilegio traer un poco del consuelo de Jesucristo. Y si es sirviendo con otros pastores mucho más experimentados, como es mi caso, la bendición es mucho mayor.

1 comentarios:

Jaaziel dijo...

Que tremendo Julio
Verdaderamente el pastorado ha de ser un llamado, y poderoso.
Me gusta cuando compartes cosas del pastorado... y cuanto me recuerdan a mi congregación.
Leyendolo me acordaba de este pasaje, el Señor nos ha hecho "siervos de consolación"

“Pues tenemos gran gozo y consolación en tu amor, por que por ti, oh hermano, han sido confortados los corazones de los santos” Fil. 4.7

Un abrazo fraterno